Fuente: www.diariocordoba.com
Fecha: 19 febrero 2006
EL FIN DE LA TEMPORADA DE CAZA

Los efectos de la sequía y el riesgo de la gripe aviaria han afectado de manera importante a la práctica de la caza en la provincia La detección de venenos se sigue produciendo en Córdoba a pesar de estar prohibidos.
RAFAEL (19/02/2006)
La temporada de caza se puede dar por concluida. Sólo quedan los últimos coletazos de la perdiz con reclamo. Muchos habrán vuelto de su última jornada de caza cuando lean este artículo. Es el momento de sentarse pausadamente para analizar los pormenores del período concluido y planificar el próximo. La temporada comenzó con los efectos de una pertinaz sequía que obligó a muchos titulares cinegéticos a desistir de la caza de la perdiz ante la casi ausencia de reproducción de esta especie. En la caza mayor ya se aventuraba que no iba ser una temporada nada halagüeña, como más tarde se ha confirmado. La calidad de los trofeos en tamaño, grosor y desarrollo de la cuerna disminuyó, aunque las expectativas en número se han mantenido e incluso superado porque se adoptaron algunas medidas de suplementación alimentaria. Continuó con la exacerbada alarma de la gripe aviaria antes de la llegada de las aves invernantes. En muchos lugares se comenta que en gran medida la temporada la han salvado precisamente las aves migratorias.

La temporada ha finalizado con una nueva alerta, en este caso de las aves estivales que llegan a nuestro país desde el Africa subsahariana para reproducirse. Es el turno de milanos negros, cigüeñas, abejarucos, oropéndolas y carracas. Sólo nos queda esperar, porque el ciudadano medio nada puede hacer. Cuando llegue, llegará volando, pero muy posiblemente a bordo de un avión. Mucho se habla de ello, pero cuando se reconoce a las especies y sus rutas migratorias, la probabilidad es muy baja, como han comentado expertos investigadores. Todavía no se conoce un caso de ave silvestre viva que portara la famosa cepa de la que tanto se habla, a pesar de los múltiples análisis que se han realizado. Cuando termine el proceso reproductor volveremos de nuevo con las aves migratorias invernantes. Alguna vez se acertará. Será la manera de tener perfectamente engrasada la maquinaria para poder reaccionar a tiempo, aunque estemos hablando de un virus humano que aún no existe.

Con el incremento del fotoperíodo y la llegada de la primavera, la mayoría de las especies se preparan para la reproducción. Es la hora de dejar que la naturaleza siga su curso con tranquilidad. Si se realiza una buena gestión cinegética, ya deben haberse realizado las mejoras del hábitat de las distintas especies. Si comenzamos a prepararlas ahora, interferiremos los procesos reproductores y disminuirá la productividad. Cuando los resultados no sean los esperados, lo fácil será culpabilizar a especies depredadoras y, en algunas zonas, más de las que creemos, comenzarán a utilizarse los nefastos cebos envenenados. Es uno de los principales problemas de la fauna en Córdoba. Bajo sus efectos morirán perros y gatos asilvestrados, zorros, tejones, águilas y buitres, entre otros, todos ellos testigos de una mal entendida relación con la naturaleza.

La cuestión de "los venenos", como popularmente se le viene conociendo, sigue sin resolverse por la dificultad inherente que tiene: facilidad de adquisición de productos letales ligados a la agricultura, la soledad del campo que acompaña al delincuente, y la dificultad de inspeccionar los distintos rincones del solar cordobés. Son muy variados los cebos que se utilizan: trozos de pescado en Posadas o de embutidos en Espiel, Hinojosa o Priego; pajarillos en Almodóvar e, incluso, magdalenas en Granada. Como se desprende, el riesgo sanitario con los niños comienza a incrementarse. En muchos casos el producto y dosis empleada puede matar a varias personas de manera fulminante, a veces con el simple contacto con las mucosas. Conscientemente, muchos gestores están jugando con fuego y en sus círculos cinegéticos se vanaglorian de utilizarlos de forma regular. Ya es hora de que el sector cinegético dé un paso hacia delante y comience a denunciar estas prácticas en los cotos que lleguen a su conocimiento. Quizás, cuando se reaccione, sea demasiado tarde y tengamos que lamentar alguna pérdida no deseada. Por el momento distintas especies, entre ellas el buitre negro, nos alertan que estos hechos siguen ocurriendo en Córdoba. El seguimiento de los parámetros reproductores, la estructura de edades de la población y las recuperaciones de animales envenenados nos indican que dentro de sus áreas de campeo, que pueden tener cerca de 250.000 hectáreas, se siguen utilizando los cebos envenenados. Con su radio marcaje por satélite en próximos años nos podremos ir acercando a los lugares donde se envenenan y nos ayudarán a eliminar esta lacra de la gestión cinegética. Análisis realizados apuntan a que un cambio en la gestión de la perdiz, con la intensificación del reclamo en cotos de caza mayor, está relacionado con el uso de cebos envenenados.