Fuente: www.diariocordoba.com
Fecha: 05 Marzo 2006
La caza, floreciente motor laboral
La actividad cinegética, antes reservada a una clase social de poder, ha despegado, impulsa la economía de muchos municipios y el estamento político quiere regularla tan formalmente como al sector del automóvil.
FRANCISCO J. DE PALACIO (05/03/2006)
La actividad de la caza ha cambiado mucho en los últimos 20 años. Los estereotipos que la señalaban como una actividad lúdica reservada a una clase social ligada al poder van quedando poco a poco arrinconados. De sus cenizas está aflorando un nuevo sector íntimamente ligado al desarrollo de miles de pueblos y con una orientación conservacionista que comienza a ser apoyada en los ambientes más progresistas.

Gracias al crecimiento económico que ha experimentado España, la base social de los cazadores se ha extendido considerablemente. De las 1,2 millones de licencias en vigor, el peso numérico de los cazadores de alto poder adquisitivo es cada vez menos significativo.

Sirva como ejemplo José Espinosa, presidente de la comunidad de regantes de Badajoz por el canal de Montijo --"donde hay muchísimos cazadores"--, miembro de la Unión de Pequeños Agricultores desde que se fundó y "socialista desde antes de nacer". Ha sido presidente de la sociedad cinegética de Novelda de Guadiana (Badajoz) y ahora lo es de una asociación para la defensa de la caza y la naturaleza. Espinosa recuerda que antes de la ley de caza los extremeños sólo eran ojeadores de los señoritos y ahora gestionan sus propios cotos sociales. Pero se queja de que los socios --muchos no llegan al salario mínimo-- deban gastar su dinero en mejorar el entorno mientras que los "ecologistas sólo reciben subvenciones".

Al portavoz socialista de Agricultura en el Congreso, Alejando Alonso, no le duelen prendas al afirmar que "la caza ligada a la nobleza y al señoritismo está ampliamente superada en España. A cambio, ha surgido un sector económico de primera magnitud que requiere la misma consideración política que otros, como el automóvil".

La agricultura ya no representa más del 8% de la economía del país. La caza está frenando la despoblación de los municipios y ha creado 30.000 empleos directos y más del doble de indirectos, sobre todo, en la hostelería y la restauración. Los 60 lotes de cabra montés que se subastan en Gredos (Avila), a precios que llegan a los 24.000 euros por macho, reportan a sus municipios 350.000 euros al año de media.

La caza se ha convertido en el primer sector no industrial de comunidades como Andalucía, Extremadura, Castilla-León y Castilla-La Mancha, máxime cuando se calcula que cada año vienen más de 10.000 extranjeros a practicar la caza mayor y otros tantos en busca de la famosa perdiz brava española.

Como explica Alonso, fue a raíz de la ley de espacios naturales protegidos de 1989 cuando las comunidades autónomas "se implicaron en proteger este recurso natural propio y comenzaron a entender que explotándolo ordenadamente y protegiéndolo, podían obtener grandes beneficios".

Un ejemplo es la comunidad castellanomanchega, que decidió destinar el 95% de su territorio (7 millones de hectáreas) a la caza y se ha convertido en un paradigma de este sector. Según cifras oficiales, la actividad cinegética emplea en los pueblos de esta comunidad a un mínimo de 7.500 personas --más otros tantos en trabajo indirecto-- y mueve 240 millones de euros, aunque los empresarios elevan esta cantidad hasta los 1.000 millones.

En el caso de Fuencaliente, pueblo lindero con Los Pedroches donde campea el lince, el ayuntamiento arrienda 8.000 hectáreas. Su alcaldesa, Maria Teresa Castañeda, reconoce que el municipio ingresa cada año 150.000 euros por los cotos municipales. Este dinero se ha invertido en el centro social y en carreteras. "Se trata de nuestra primera fuente de riqueza, la más segura, que emplea a más de 100 vecinos".