Fuente: www.diariodeleon.es
Fecha: 19 Agosto 2005

Cuando ya han transcurrido tres jornadas de la media veda, las buenas impresiones recogidas en la apertura se confirman en algunos casos pero se enfrían en otros. Las diferencias entre unas zonas y otras de la geografía leonesa son notables y, mientras en los regadíos nos encontramos ante un año bueno, sensiblemente mejor que los anteriores, en los secanos se ven muy pocas aves. El aspecto que presentan las rastrojeras es penoso, con el campo totalmente arrasado. Tan solo en los adiles u holgados, en las escasas regueras o en las viñas se levanta alguna codorniz por lo que, tras la primera jornada en que se vieron algunas más, la temporada se presenta muy pobre. Hay por desgracia pocas expectativas de cambio, pues el campo no ofrece las condiciones adecuadas para que paren las codornices en su camino de regreso. Además en estos lugares las aves aparecen concentradas, de forma que en el mismo coto puede darse la circunstancia de que un cazador afortunado mate quince o veinte y otros no las vean. En las zonas de regadío, tanto en las vegas bajas del Páramo y del Esla, como en las áreas de media montaña donde se sigue sembrando cereal, se están cazando y viendo codornices en abundancia. El promedio de doce pájaros por cazador, que apuntamos en la primera jornada, puede quedarse muy corto en bastantes casos. Ocurre también que las diferencias en estas zonas son notables, pero aquí las marca principalmente el perro y la puntería del cazador.

La importancia del can es decisiva para cazar la codorniz. Hace años se cazaba mucho y había buenos perros. En los tiempos que corren mantener un perro y adiestrarlo resulta muy difícil, especialmente para los cazadores que viven en la ciudad. El dicho «¿Es tuyo ese perro? Si porque lo compré, pero no me hace puñetero caso» ilustraría muy bien bastantes situaciones. Sin un perro que muestre y, especialmente, que cobre bien, cazar en el regadío es misión imposible. Quién como yo siempre tuvo buenos perros, salir al campo con uno prestado es casi como salir desarmado. En la jornada de apertura seis codornices quedaron sin cobrar, y no precisamente en el maíz, también en lugares fáciles. Para un cazador que se precie fallar un disparo no tiene demasiada importancia, otro la cazará, pero dejar piezas muertas sin cobrar significa una gran decepción y siempre una pérdida del tiempo que se emplea en buscarla. La primera jornada de caza nunca es la mejor. Ayer le preguntaba a un conocido acerca del segundo día «vi menos pero maté más». Las aglomeraciones, la ansiedad de muchos meses esperando la apertura, conducen a fallar demasiado.

En la media veda se disparan muchos tiros, salen muchos cazadores, algunos de ellos con poca experiencia, y los accidentes son frecuentes. Afortunadamente se dispara con perdigón muy menudo, del diez o del once, que a una distancia de cuarenta o cincuenta metros son casi inofensivos. Seguir unas normas de seguridad es imprescindible y de ahí la importancia del examen para el cazador. Cazar en mano puede ser peligroso, especialmente si se cruzan las manos. Respetar las distancias, abrir la escopeta en los cruces de caminos o en los pasos difíciles y no disparar cara al sol ni con poca visibilidad son normas imprescindibles para cazar en el regadío, donde las parcelas son tan pequeñas que a veces no llegan a una hectárea. La caza de la codorniz, sin embargo, con un buen perro, resulta muy divertida y es una de las modalidades que más engancha a los cazadores.