Fuente: www.canarias7.es
Fecha: 14 Septiembre 2005
Dos enfermedades han reducido la población del recurso cinegético
Martín Macho
Villa de Garafía
Los cazadores de la Isla apenas tienen conejos que llevarse al morral. Esta ancestral actividad, que en La Palma practican unas 2.000 personas, por falta del principal recurso cinegético, está en franco peligro de desaparición. Dos enfermedades y la sobreexplotación tienen la culpa.
Los cazadores de la Isla apenas tienen conejos que llevarse al morral. Esta ancestral actividad, que en La Palma practican unas 2.000 personas, por falta del principal recurso cinegético, está en franco peligro de desaparición. Dos enfermedades y la sobreexplotación tienen la culpa.
La población óptima de conejos en La Palma, según cálculos llevados a cabo hace un lustro, se sitúa en una banda comprendida entre los 120.000 y 140.000 ejemplares. Sin embargo, la descrita colonia de roedores ha sufrido una drástica reducción y, en la actualidad, se estima que no llega a los 14.000 individuos. Es decir, el censo sólo alcanza el 10% de la media.
Se cree que dos enfermedades, una hemorrágica vírica y otra diarréica bacteriana, han provocado el demoledor exterminio, según expuso el veterinario Antonio Hernández. Otras fuentes suman a las mencionadas plagas la sobreexplotación que, desde hace unos años, arrastra esta modalidad deportiva.
El presidente de la Sociedad de Cazadores El Corcho, José Agustín López, sostiene que la presente temporada, iniciada el pasado 7 de agosto, «es la peor de los últimos 20 años». Concluirá el próximo 4 de diciembre y el saldo, para muchos aficionados, resulta descorazonador, sentencia.
EL AÑO MÁS MALO. En diez años, alega, no recuerda haber salido un día y volver sin ninguna pieza. Este desengaño lo vivió la primera jornada de caza. Como mucho, añade, los días permitidos (jueves, domingo y festivos), los más afortunados, consiguen una o dos. «En la mejor, hasta ahora, en Fuencaliente, cacé cuatro». José Agustín López asegura que también se ven en los campos «muchos lagartos muertos».
Enterrar la pieza para evitar propagación
n El veterinario Antonio Hernández, aficionado también a la caza, considera conveniente limitar el número de conejos que se pueden capturar. Según la actual orden reguladora, cada cazador, por día autorizado, tiene licencia para abatir cinco ejemplares. También recomienda enterrar a los animales contaminados que se encuentren muertos con el fin de evitar que la afección se propague. En estos momentos, insiste, «como buenos deportistas, hemos de respetar los recursos cinegéticos sin abusar». La plaga está extendida por toda la Isla, si bien afecta a unas zonas más que a otras. En todo el territorio palmero existen 25 estaciones de cuenteo a través de las cuales, analizando los excrementos de los conejos, se determina el volumen de la población. Javier Brito, antiguo miembro de la gestora de la Federación Insular de Caza, señaló que este año la hemorragia vírica «ha atacado fuerte» y la colonia de conejos «no se ha rejuvenecido». Si no se toman medidas, asevera, «será difícil que se regenere» al ritmo que demanda la presión cinegética. Propone una granja de cría para repoblar las zonas más diezmadas por la mortandad. «Hay poco conejo y mucha ansia de caza. Si seguimos así, el año que viene no habrá nada».

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